“La forma en que se jerarquizan las noticias no funciona”: reflexiones personales para continuar el debate

“La forma en que se jerarquizan las noticias no funciona”. A favor y en contra de esta suposición se sostuvo uno de los tres debates del III Seminario Iberoamericano de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación, cuya sede fue Querétaro, México. Este intercambio de argumentos fue moderado por Antimio Cruz Bustamante (Subdirector de Información del CONACYT) y protagonizado por los comunicadores especializados en ciencia Manuel Meneses Galván (Investigación y Desarrollo), Javier Cruz Mena (SciDev.Net., DGDC de la UNAM), Manuel Lino González (El Economista) y Daniel Chávez Fragoso (IPN).

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Manuel Lino, Antimio Cruz y Daniel Chávez

Las elucubraciones de los panelistas sugirieron el siguiente contraste: jerarquizar las noticias hace posible el funcionamiento interno de los medios y de sus narrativas, sin embargo esto no necesariamente responde a la manera en que las personas se apropian de la información. Apoyándome en los argumentos expuestos en dicha mesa de discusión —celebrada el miércoles 9 de septiembre— reflexiono a título personal sobre la jerarquización de las noticias en el periodismo de ciencia, un tema al que debería de otorgársele continuidad en seminarios subsecuentes.

Jerarquizar las noticias es necesario porque hace posible el funcionamiento interno de los medios y sus narrativas

El lenguaje condiciona ontológicamente al periodista, quien interpreta al mundo desde jerarquías sintácticas, semánticas y pragmáticas culturalmente asimiladas. Con este supuesto podría sugerirse entonces que el discurso periodístico de cada medio, como todo sistema representacional, parte inevitablemente de una estructuración interpersonal de enunciados, imágenes, sonidos, espacios etcétera.

En otras palabras, la información ponderada editorialmente, por cuantitativa o cualitativa que sea, es el reflejo ideológico de grupos sociales (reporteros, diseñadores, correctores de estilo, jefes de información, entre otros) y de la manera en que éstos negocian sus recursos (caracteres, presupuestos, coberturas, tiempos y espacios). Esto significa que dichos niveles de jerarquización influyen inevitablemente en la forma en que contamos las historias periodísticas, cuyos actores se sitúan en tiempos y espacios representados.

Viene al caso lo dicho en la mesa de discusión por Manuel Lino González —biólogo egresado de la UNAM, escritor y músico—, para quien no debe perderse de vista que la jerarquización noticiosa también es un reflejo de la manera en que los periodistas ‘vendemos’ las historias; es decir, del cómo los comunicadores nos vemos en la necesidad ineludible de defender nuestro trabajo para que éste sea valorado noticiosamente por un editor.

Por otro lado, también valdría la pena recordar que los primeros intérpretes de los discursos periodísticos son sus autores, quienes en distintas medidas y contextos se ajustan a códigos editoriales (p. ej. manuales de estilo) y empresariales (p. ej. horarios y contratos): relaciones de poder manifestadas en la utilización selectiva del lenguaje y en logísticas técnicas. Esto es una manera para señalar una obviedad hermenéutica; que los medios, aunque posean cierto grado de independencia, necesitan jerarquizar las historias para sí mismos en primera instancia, y a la luz de la competencia noticiosa, así como ante los ojos vigilantes de sus colegas.

En resumen, podría afirmarse que, en efecto, la jerarquización noticiosa sí funciona en un primer nivel, pero para preservar los valores políticos (infraestructuras simbólicas) de los medios de información cuyo discurso se asienta en representaciones narrativas (supraestructuras metafóricas). En palabras del panelista Javier Cruz, físico egresado de la UNAM: la manera ideologizada en que se jerarquizan las noticias “no funciona para los consumidores del periodismo”. En cambio sólo “funciona para los periodistas porque les garantiza poder con el menor esfuerzo posible”.

Javier Cruz Mena
Javier Cruz Mena

¿Qué necesitamos saber para cambiar la manera tradicional en que se jerarquizan las noticias?

Si hay indicios de que los modelos estadounidenses de comunicación de masas (aquellos basados en la famosa agenda setting de posguerra) no necesariamente funcionan para el ‘público’, ¿qué es necesario saber para cambiar la manera en que se jerarquizan las noticias?

Mientras nuestros intérpretes no dejen de ser vistos como meros receptores pasivos de datos (‘lectores’, ‘radioescuchas’, ‘televidentes’, ‘publico meta’ ‘audiencias, ‘consumidores’, etc.), la jerarquización editorializada no funcionará para poner en común —comunicar— temas que sean importantes para las jerarquías de los ciudadanos (p. ej. toma de decisiones y adopción de opiniones).

Javier Cruz —maestro en matemáticas aplicadas por la Universidad de Brown— ha sido insistente en este punto: uno de los objetivos periodísticos al momento de hablar de ciencia debería ser ampliar los horizontes culturales del ciudadano a fin de que éste pueda comprender las políticas públicas que lo afectan, y así pueda tomar decisiones basadas en evidencias.

Es decir, un nivel mínimo de funcionamiento que tenga en cuenta a los ciudadanos habría de ser aquel donde se respondan las ‘cinco W’s o las cinco preguntas periodísticas jerarquizadas por la nota informativa: qué, cuándo, dónde, cómo y por qué (siendo estas dos últimas las que usualmente contienen a la ciencia). A partir de lo expuesto por Cruz podría decirse que la oferta noticiosa hecha visible en los medios se limita a aquello que fue conservado en el primer nivel de jerarquización, donde usualmente se deja de lado lo más complicado (el cómo y el porqué).

En este aspecto cabría mencionar lo señalado (en el contexto de otro debate del seminario) por el divulgador Martín Bonfil Oliviera, químico farmacéutico biólogo de la UNAM: es fundamental que los comunicadores poseamos una cultura científica, aunque sea mínima, si es que hemos de aspirar a una verdadera democratización del conocimiento científico.

Con estos planteamientos se hace más o menos evidente que para enriquecer este tipo de debates es necesario emprender estudios de caso cualitativos sobre la apropiación de contenidos científicos por parte de muestras representativas de grupos sociales particulares, los cuales sean caracterizados más allá de criterios demográficos, geográficos y económicos. Y, por otro lado, es necesario identificar y estudiar los perfiles profesionales de los periodistas de ciencia iberoamericanos a fin de saber quiénes y desde qué cosmovisiones jerarquizan las noticias.

Mientras persista este vacío interpretativo de conocimiento los editores seguirán pensando que prescriben y distribuyen información de manera unidireccional a una masa pública de individuos. Es necesario investigar y comprender la forma en que las personas, dentro de sus contextos, aprenden, comunican e interpretan las historias. El resultado no sólo podría ayudar a quienes buscan contar historias interesantes y de maneras inmersivas, sino también en el posicionamiento del periodismo de ciencia como un discurso empresarial más redituable.

A decir del panelista Manuel Meneses Galván —editor y reportero egresado de Escuela de Periodismo Carlos Septiém García— la jerarquización noticiosa funcionará para los lectores siempre y cuando cuente con la credibilidad de éstos. Para ello, en vez de favorecer las declaraciones oficialistas, los periodistas deberíamos crear contenidos que aún no existan: “algo que no esté ya en Google”. Asimismo, Meneses afirmó que es difícil cambiar los lineamientos editoriales tradicionales ya que sus carencias en la jerarquización de información se deben a un problema social y estructural más amplio. En este contexto, el director de Consultoría en Prensa y Comunicación también hizo énfasis en que “la única manera de cambiar esto es a través del público”, quien a fin de cuentas decide la importancia de la noticia.

Por su parte, Antimio Cruz Bustamante (comunicólogo egresado de la Universidad Intercontinental) señaló que la proximidad geográfica, la cantidad de personas afectadas, y el factor humano deberían figurar como parámetros para jerarquizar las noticias teniendo en cuenta a los ciudadanos. A modo de conclusión del debate, Bustamante consideró que “la jerarquización ha funcionado para los medios que han sobrevivido”, y que los periodistas, así como los científicos, debemos aspirar a ejercer el pensamiento crítico.

Un primer paso filosófico para continuar este debate sería deshacernos, entonces, de la visión paternalista de los medios según la cual éstos prescriben información a los ciudadanos para indicarles qué es importante y qué no. Contar historias de ciencia que involucren a nuestros nichos de intérpretes no necesariamente funciona a partir de las estructuras de comunicación de masas. Por ejemplo, valdría la pena criticar a la famosa estructura de ‘pirámide invertida’: jerarquía que nace a partir de necesidades instrumentales para transmitir la mayor cantidad de información en el menor tiempo posible. En suma, propongo dirigir nuestros esfuerzos como gremio y como ciudadanos a contestar la pregunta ya planteada: ¿Qué necesitamos saber para cambiar la manera tradicional en que se jerarquizan las noticias en favor de la comunicación pública de la ciencia?

*por Oscar Miyamoto

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