No contemos historias “de ciencia”; contemos grandes historias

*Carlos Antonio Sánchez

Cada año, desde 2000, dos famosas editoriales publican antologías que compilan las mejores historias de ciencia desarrolladas en Estados Unidos. Durante todos estos años, “The Best American Science Writing” (HarperCollins) y “The Best American Science and Nature Writing” (Houghton Mifflin) han reunido las historias más increíbles y mejor narradas que van desde la epidemiología hasta el cambio climático, de la economía a la exploración del universo, de nuestros hábitos sociales hasta el análisis del comportamiento de los animales.

Pero cuando pensamos en América Latina, no resulta fácil responder dónde están, cuáles son y, sobre todo, qué podemos aprender, de las grandes historias de ciencia y medio ambiente que se publican cada año.

En nuestra región no existe ninguna antología que compile historias de este tipo. Y, sin embargo, eso no quiere decir que no existan.

Cuatro historias, y sus respectivos autores, estuvieron presentes en el I Foro Hispanoamericano de Periodismo Científico, organizado por la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia, Factual_ y el Centro Cultural España en México. Diego Arguedas (Ojo al Clima, Costa Rica), Iván Carrillo (periodista independiente, México), Michele Catanzaro (periodista independiente, Italia-España) y Laura Vargas Parada (periodista independiente, México) seleccionaron sus mejores historias para el panel de presentación de reportajes de ciencia How do they do it? 

En él contaron a la audiencia cómo hallaron las semillas de sus reportajes, cómo los investigaron, a qué obstáculos se enfrentaron y cómo lograron convertirlos en grandes historias.

Para Iván Carrillo, la clave está en no etiquetar tu trabajo como “historias de ciencia”. “No propongan historias ‘de ciencia’, sino grandes historias. Cuando llevamos una historia ‘de ciencia’, es muy posible que el editor piense que si lo publica está ayudando a la ciencia, como si le estuviera haciendo un favor, y ese no es el objetivo”, dijo.

Fotos: Carlos Antonio Sánchez.

Hearing voices: ¿qué hay en una voz?

Alrededor del mundo, miles de casos judiciales se resuelven a partir de peritajes de voz que son utilizados para probar la culpabilidad de los acusados. Uno de ellos llamó la atención de Michele Catanzaro. En 2011, Óscar Sánchez, un empleado de un autolavado en Barcelona fue detenido en Italia acusado de ser narcotraficante. “La prueba que lo acusaba era un peritaje de voz que identificaba su habla (un típico español peninsular) con las grabaciones de un narco (que, por el contrario, hablaba un español latinoamericano, probablemente uruguayo)”, relata Catanzaro. Después de varios peritajes, se logró demostrar que no se trataba de la misma persona y Sánchez salió libre tras permanecer 626 días en la cárcel.

El caso de Sánchez fue sólo el principio. Catanzaro unió su olfato periodístico al de Philipp Hummel (Alemania), Atrid Viciano (Francia) y Elisabetta Tola (Italia) para investigar cómo se usan la voz, la fonética y la lingüística como pruebas en los tribunales, a pesar de no contar con ningún tipo de regulación. En el proyecto, apoyado por el Journalism Fund, el equipo de reporteros ha encontrado más de 20 procesos judiciales con irregularidades e, incluso, abierta charlatanería y pseudociencia en los procesos que implicaban peritajes de voz.

El trabajo le valió a Catanzaro el Premio al Mejor Periodista Científico Europeo del Año en 2016 y el Premio Rey de España 2013. Fue traducido en cuatro idiomas y publicado en medios de ocho países distintos.

Consulta el reportaje aquí.

Los automóviles más contaminantes reciben más dinero

En 2011 René Castro, en ese entonces Ministro de Ambiente y Energía en Costa Rica, impulsó una política pública aparentemente verde en favor del transporte público, que consistía en dar incentivos fiscales para importar automóviles híbridos. Había una base de datos con las fichas técnicas de estos autos híbridos, pero ésta no incluía sus emisiones de CO2 por kilómetro. A pesar de ello, la política se aprobó. ¿Cómo es posible que uno de los contaminantes más importantes no estuviera incluido en la ficha técnica de estos autos? En ese momento nació la historia de Diego Arguedas.

El trabajo, que el periodista publicó en el portal Ojo al Clima el 16 de noviembre de 2016, reveló que en total fueron 340 vehículos híbridos de lujo con motores grandes los que recibieron ₡1,789 millones en los últimos cuatro años como parte del programa para ‘limpiar’ el transporte del país. Sorpresa: los automóviles que recibieron incentivos eran los que producían más emisiones de CO2 por kilómetro; es decir, que contaminaban tanto o más que un automóvil de gasolina promedio.

En conclusión: los autos más contaminantes recibieron más dinero.“Era una política basada en una corazonada pero no en ciencia”, dijo Arguedas en el Foro.

Ver el reportaje aquí.

 

El verdadero costo de Tajamar

En enero de 2016, un grupo de policías y trabajadores estatales y municipales utilizaron maquinaria pesada para continuar los trabajos de construcción de un centro comercial y condominios en una zona de Quintana Roo. El problema es que invadieron la zona del manglar Tajamar, donde ya habían acabado con 57 hectáreas. Esto desató un debate público sobre las irregularidades detrás de los permisos para iniciar la construcción.

Para Laura Vargas Parada quedaba todavía una pregunta mucho más pertinente: si perdemos Tajamar, ¿cuánto dinero perdemos? ¿Cuánto nos cuesta a los mexicanos cada hectárea de manglar que pierde el país? Aún más: ¿existen alternativas? Como resultado, publicó entre enero y febrero de 2016 el reportaje El verdadero costo del Tajamar, dividido en cinco entregas para El Economista.

En este extenso trabajo, Laura revela que una hectárea de manglar costero en el Golfo de California, por ejemplo, tendría un valor económico anual de unos 37,500 dólares al año. Y que perder el manglar trae consecuencias como pérdidas de playas, disminución de suelo e infraestructura por el paso de huracanes, disminución del rendimiento pesquero y la pérdida de otros servicios ambientales cuyo valor podría llegar a los 100 mil dólares al año por hectárea. Hay que hacer cuentas, porque perder un manglar nos cuesta a todos.

Checa el reportaje aquí.

 

Un puente de vida: el algoritmo que salva humanos

En 2011, Marisol Robles, editora, poeta y colaboradora en la revista QUO, fue diagnosticada con insuficiencia renal. Como sucede en esos casos, la única solución era hacerle un trasplante de riñón. Pero después de la primera cirugía su cuerpo desarrolló una condición médica que los doctores llaman sensibilización, debido a las constantes transfusiones sanguíneas que recibió. Como resultado, dejó de ser compatible con el 97% de los órganos que estaban disponibles, lo cual redujo significativamente sus posibilidades de sobrevivir.

En Estados Unidos, donde cada 14 minutos muere una persona esperando un riñón, un hombre llamado Alvin Roth, Premio Nobel de Economía 2012, ideó la solución. Junto con los economistas Utku Unver (australiano) y Tayfun Somnez (turcoamericano), desarrolló un algoritmo capaz de emparejar a pacientes y donadores. Desde 2004, Alvin le sugirió al médico Michael Rees (de Estados Unidos) poner el sistema en práctica. Pero Rees  finalmente se decidió a hacerlo siete años después con una paciente mexicana: Marisol.

Iván Carillo, periodista mexicano y ex editor de QUO, vivió junto a Marisol toda esta historia y escribió más tarde el reportaje Un puente de vida, publicado en la revista Newsweek en Español en abril de 2017. ”Al mismo tiempo que el presidente Donald Trump busca construir un muro de miles de kilómetros en la frontera con México, un incasable cirujano y un reconocido economista suman esfuerzos para intercambiar órganos entre ciudadanos de ambos países”, relata Carrillo en su trabajo.

Luego, por su paso en el Knight Science Journalism Fellowship que ofrece el Massachusetts Institute of Technology (MIT), Iván llevó esta historia a un formato de documental: The Journal of Thirst, en el que muestra a Marisol contando su historia.

“Créanme que aprendí buenas cosas en Estados Unidos, pero nada como los tutoriales de YouTube. Ahí aprendí mucho. Basta un celular para tener video y audio de calidad”.

Ver el reportaje aquí.

Ver video aquí.

 

Carlos

 

*Carlos Antonio Sánchez es estudiante de Comunicación y Periodismo por la FES Aragón, UNAM. Desarrolla contenido escrito y multimedia para la Unidad de Comunicación del Instituto de Física de la UNAM.

 

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