Una razón por la cual es fundamental dialogar sobre periodismo

*Manuel Lino

Se lleva a cabo en estos momentos el V Seminario de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación en Puebla, México, organizado por Conacyt.

 

Dado que me estoy dirigiendo a puros colegas (no creo que nadie más lea esto, dado el título que le puse), les comparto un consejo que me dio el escritor, editor y periodista Felipe Soto Viterbo, uno que, en principio, deberíamos conservar en secreto entre periodistas: “Cuando hagan una lista, procuren que el número de puntos sea impar y superior a cuatro”.

Que sea impar da la sensación de que estamos presentando lo que hay y no que el autor se quiso ajustar a un determinado número; en ese sentido funciona mejor dar “los 7 o los once consejos sobre cómo una hacer una lista” que “los diez consejos…”. Y si no conseguimos al menos cinco parece que no buscamos lo suficiente.

Aquí, al ofrecer “Una razón por la que es fundamental dialogar sobre periodismo”, contravengo la segunda parte del consejo y doy sólo un consejo. Los hago por dos razones, porque me parece divertido y porque creo que no puede haber un montón de “razones fundamentales”. Si una es fundamental, con esa basta.

Esta es mi lista:

1. Porque el conocimiento más relevante, el que puede llevar al cambio, se construye en conjunto y en la acción, no en el sermón, el pleito ni el aislamiento.

Listo. Lista la lista. Con eso, más el aviso de que se está llevando a cabo el V Seminario Iberoamericano de Periodismo en Ciencia, Tecnología e Innovación en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), donde diversos periodistas y comunicadores estamos platicando sobre nuestra práctica profesional, podría dar por terminado este ensayo… de no ser porque me queda claro que aún no se entiende nada.

CONOCIMIENTOS DEL TERCER TIPO

En 1993, John Shotter creó el concepto de “conocimiento del tercer tipo”, el cual “no es conocimiento teórico (el “saber que…”) porque es un conocimiento práctico, y tampoco es sólo conocimiento de una cierta habilidad o actividad (el “saber cómo”), pues es conocimiento en conjunto, conocimiento-que-se-tiene-en-común con otros. Es un tercer tipo de conocimiento, sui generis, que no puede ser reducido a los otros dos, el tipo de conocimiento que uno tiene desde adentro de una situación, un grupo, una institución o sociedad” (por cierto, Baruch Spinoza también utilizó la expresión, pero con otra orientación).

Es el tipo de conocimiento que se da en una conversación. Yo, de hecho, entendí el conocimiento del tercer tipo (sin el nombre) en una serie de pláticas con la psicóloga Lorena B. Alarcón, a quien, después y durante la redacción de este texto, le pedí un autor al que pudiera consultar para sustentar la idea de “el diálogo como origen del conocimiento”. Me dio a Shotter, como representante de toda una corriente de pensamiento que se originó en la obra del filósofo, matemático y lingüista vienés Ludwig Wittgenstein.

El concepto podrá ser nuevo, pero su existencia, desde luego, es tan antigua como el lenguaje mismo y está constantemente en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, en los últimos siglos, esta “tercera forma de conocer” se ha ido sofisticando y es parte integral del proceso intelectual institucionalizado: La información obtenida por observaciones, experimentos, lecturas o investigaciones en general es discutida por los integrantes de un determinado grupo de trabajo, quienes le dan sentido y significado a los datos; después se publica y/o se discute con otros profesionales en reuniones, seminarios, congresos locales, nacionales e internacionales.

En particular, el proceso científico es el que tiene más consolidadas este tipo de prácticas. La reunión de la American Chemical Society, por poner un ejemplo notable, atrae entre 11,000 y 14,000 profesionales y estudiantes de prácticamente todos los países del mundo.

A imitación de nuestra fuente, los periodistas de ciencia somos los únicos en el gremio que tenemos congresos mundiales. A la pasada World Conference of Science Journalists (WCSJ2017), que se llevó a cabo en San Francisco, California, asistieron alrededor de 1,300 personas.

Como el presupuesto para hacer la WCSJ2017 fue de 2.5 millones de dólares y para hacer los Seminarios Iberoamericanos es de alrededor de 2 millones de pesos, cabe preguntarse… bueno, cabe hacer muchas cosas, pero la que nos ocupa de momento es ¿vale la pena gastar tanto en esto?

PARAR LA PELOTA…

“Yo soy bastante autocrítico y muchas veces me pregunto cuáles son los frutos de este tipo de reuniones, y más porque los frutos no se ven inmediatamente”, comenta el periodista argentino Federico Kukso, uno de los ponentes del V Seminario Iberoamericano y nuevo integrante de la mesa directiva de la Federación Mundial de Periodistas de Ciencia (WFSJ).

“En nuestra profesión, en que uno corre tras las historias, con deadlines, me parece que es importante, usando una metáfora futbolística, parar la pelota y ver en qué estado estamos”, agrega.

Para Federico, no se trata de que alguien vaya a contar “una verdad revelada… como si fuese una especie de sacerdote”, en cambio, se trata “de compartir experiencias, algo más horizontal”.

Sin embargo, esa horizontalidad no es una condición prevalente ni preestablecida. En la WFSJ hay 57 asociaciones de periodistas de todo el mundo (la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia, o RedMPC, es la número 55), pero ciertamente la presencia de los países latinoamericanos, aunque creciente, es muy reducida. En la misma WCSJ2017 hubo sólo un panel originario en la región (hubo un segundo, sobre la pseudociencia en regímenes autoritarios, que fue planteado por dos integrantes de la RedMPC, pero la WCSJ decidió que era tan importante que debía ser multi-regional).

En ese sentido, el Seminario Iberoamericano es un notable esfuerzo para fomentar la comunicación entre pares hispanohablantes, aunque aún está muy dirigido a los mexicanos y somos los únicos que, en la práctica, tenemos la posibilidad de atender.
Y es innegable que necesitamos generar conocimiento aplicable a la región. Para Will Monterroza, periodista de ciencia de El Salvador y quien hace unos días publicó el primer número de la revista El Informe:  “Somos países muy vulnerables al cambio climático, a los terremotos… las personas necesitan información y el periodista de ciencia tiene mucho que ofrecer porque, sin demeritar el trabajo de los demás colegas, nuestro trabajo es consultar a profundidad”.

No encuentro una referencia exacta y no me puedo tardar más en redactar esta entrada, así que lo mencionaré como una intuición (quizá, quien quita, estoy haciendo una aportación): Sospecho que el conocimiento del tercer tipo es el que más fomenta la creatividad. De hecho, se habla de él como una forma de “generar conocimiento”, más que de adquirirlo porque, de alguna manera, en este caso la generación y la apropiación del conocimiento son procesos simultáneos.

Así pues, puedo extender la metáfora de Kukso al decir que “los frutos se ven más adelante” y agregar que en este tipo de encuentros se crea una multitud de gérmenes o nuevas ideas, amistades, colaboraciones, proyectos, aproximaciones, etcétera que son producto del encuentro entre las diferencias que cada quien aporta a las conversaciones.

“COME TOGETHER, RIGHT NOW”

Ahora, aun si está claro que para los periodistas de ciencia, en particular, es importante tener este tipo de encuentros, y que sería bueno que los periodistas en general los tuvieran, quiero extender un poco más esta idea, y más vale que lo haga, porque en el fondo ¿por qué habría de ser importante que los periodistas conozcan más sobre su profesión? ¿Es eso, acaso, fundamental para la sociedad?

La respuesta es que sí lo es.

Y lo es por la misma razón 1 y única de este artículo: porque el periodismo es la forma que nos permite como sociedad tener acceso al conocimiento del tercer tipo, es lo que nos da la posibilidad de tener una gran conversación conjunta, es lo que nos permite ser partícipes, de alguna manera, de los sucesos mientras acontecen.

Como dice Margoth Mena Young, periodista y académica de Costa Rica: “Aunque parezca parte de una campaña política, juntos somos más”. Y yo agregaría que mejores.

 

manuelino*Manuel Lino tiene estudios de Biología, Música y Escritura Creativa, mismos que ha aplicado a su trabajo como periodista cultural en el que ha abordado temas de ciencias, humanidades y artes. Trabajó 12 años como editor de la sección cultural del periódico El Economista, donde además hizo trabajo de reporteo y crítica cultural. Durante un año siete meses fue jefe de información en el programa de TV Creadores Universitarios al que renunció en junio de 2017.

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