Cómo mejorar las coberturas de salud mental en los medios

*por Luciana de la Fuente

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, en América la proporción de carga atribuible a trastornos mentales es seis veces mayor que la proporción de fondos de salud asignados a la salud mental. En el caso de México, a pesar de ser uno de los problemas de salud pública más importantes, sólo el 2% de todo el gasto en salud es dedicado a las enfermedades mentales.

Para analizar la relevancia de la salud mental y contribuir para generar coberturas más precisas, empáticas y de calidad, María Elena Medina Mora, coordinadora del Centro de Investigación en Salud Mental Global, un programa conjunto entre la UNAM y el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, participó en el III Foro Hispanoamericano de Periodismo Científico con la conferencia “¿Cómo mejorar la cobertura sobre salud mental en Hispanoamérica?”.

De acuerdo con la especialista, uno de los principales obstáculos para comunicar la salud mental es que, paradójicamente, no se comunica, es un tema prácticamente invisible. Y dado que no se visibiliza, es difícil que se vuelva una prioridad para el sector de salud de los distintos países de la región. Medina Mora dijo que esto ocurre porque las autoridades priorizan las enfermedades relacionadas con “pronta muerte”, como el cáncer o el VIH. En esos casos, los afectados hablan por ellos mismos y piden atención para sus afecciones.

Pero en temas de salud mental, no se percibe este componente trágico. Las enfermedades mentales son subestimadas porque no generan muerte inmediata (con excepción del suicidio); en contraste, generan días de enfermedad que pueden durar años si no se atienden.

Esto afecta incluso el desarrollo económico de un país. El Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) estima que no atender las enfermedades mentales le cuesta a un país alrededor del 4% del PIB; también calcula que en 20 años, los trastornos mentales le costarán aproximadamente 16 mil millones de dólares a la economía global.

El costo global significa uno individual que afecta la vida y la estabilidad económica de millones de pacientes y sus familias. Si un adolescente está deprimido no podrá cumplir debidamente con sus deberes escolares, y si no es atendido, tampoco rendirá lo necesario cuando obtenga un trabajo.

La falta de recursos también ocasiona la baja calidad y disponibilidad de medicamentos. Para muchos pacientes, pagar por un tratamiento puede ser catastrófico; para la mayoría, es un gasto de por vida que no suele cubrir el seguro social. Mientras que un tratamiento puede costar unos 2,500 pesos al mes, el salario mínimo promedio mensual en la mayor parte de México no supera los 2,000 pesos.

“En México, sólo el 6% de las personas con depresión que llegan a recibir un tratamiento va a tener un tratamiento de calidad”, dijo Medina Mora. Eso es un problema dado que una persona que enferma de depresión tarda 14 años en promedio en llegar a tratamiento. Es una espera suficientemente larga para que muchos pacientes alcancen el tercer nivel de la enfermedad, lo que involucra grandes pérdidas sociales e incluso intentos de suicidio.

Paso 1: terminar con los estigmas

De acuerdo con la especialista, existen muchos estigmas alrededor de las enfermedades mentales que deben ser eliminados. Si una persona usa drogas y tiene una recaída, será percibida como si “ya no fuera merecedora de obtener tratamiento”; en cambio, una persona con diabetes que tiene una descompensación por comer algo que no debía, no da la percepción de que deba abandonar su tratamiento. Ambas son enfermedades y ambas merecen el mismo trato.

Uno de los factores más preocupantes, dijo Medina Mora, son los niños violentados por conductas criminales de sus padres; ya que, al no atender este asunto, los niños seguirán los mismos patrones violentos y generarán futuras generaciones más y más problemáticas. La reproducción de estos ciclos de conducta tiene un costo muy caro para la sociedad, pues la violencia nos afecta a todos.

Como ejemplo, explicó que, estadísticamente, una niña con depresión que no recibe atención va a tener tres veces más riesgo de abandonar la escuela, 18 veces más de desarrollar dependencia de drogas y 7.6 más de sufrir abuso sexual que una niña sin depresión.

Otro asunto que alimenta la estigmatización tiene que ver con la forma en la que se hace investigación. Debido a que el desarrollo de tratamientos normalmente se realizan con base en estudios hechos en hombres, se desconoce mucho de las necesidades y condiciones de salud mental de las mujeres, distintas a las de los hombres debido a sus ciclos hormonales.

A pesar de ello, dijo Medina Mora, no debemos enfocarnos en un solo grupo poblacional. “Se habla mucho de mujeres, niños y personas de la tercera edad; sin embargo, los hombres jóvenes son un fragmento importante de la población que no debiera desestimado”, apuntó.

Los hombres son quienes tienen más carga social, los que tienen más problemas con drogas y más casos de suicidio; por ello, contribuyen considerablemente a la réplica de violencia por enfermedad mental.

De acuerdo con la investigadora, el verdadero problema no es que haya enfermos mentales, sino que no sean atendidos. A nivel social, se ha visto que, por más que se invierta en el desarrollo de las comunidades, las personas afectadas por alguna enfermedad mental no podrán hacer uso adecuado de las oportunidades de crecimiento que les ofrecen.

“Para poder reconstruir a las comunidades necesitamos que puedan superar sus traumas, tener las habilidades para enfrentar el conflicto y trabajar sobre la transmisión generacional”, aseguró.

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Recomendaciones para periodistas

Como ejemplo para explicar las dificultades del tratamiento periodístico de temas de salud mental, Medina Mora escogió uno de los más difíciles: el suicidio.

Parte del grave problema con el suicidio es que es contagioso: no es raro que en la comunidad donde ocurre uno, digamos una escuela, al poco tiempo ocurra otro. Y ese contagio puede ser “amplificado” si es difundido de manera irresponsable por los medios de comunicación. En especial si dan detalles específicos del caso con fotos y descripciones se ha visto que eso incrementa los riesgos de que haya un próximo suicidio.

Para Medina Mora es necesario que el periodista se prepare adecuadamente para tratar temas de salud mental; que sepa cómo realizar una entrevista sin causar recaídas o situaciones incómodas, que sepa cómo hacer contención, cuándo es necesario abortar o pedir ayuda y cómo canalizar sus propias emociones.

El periodista también debe tener siempre en cuenta que se está tratando con personas y nunca identificarlos por su enfermedad; es decir, no hablar sobre “el esquizofrénico” sino de “una persona con esquizofrenia”.

Otro consejo es que se difundan los casos completos, en especial aquellos en los que un tratamiento logró resolver el problema; así se tiene un impacto mucho más positivo.

Informar es importante, dijo la especialista, porque parte del problema es que la gente no sabe qué está pasando; pero más importante que informar es cómo se informa. “Y en eso debemos trabajar todos”, concluyó.

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Luciana de la Fuente es egresada de la Universidad Intercontinental, de la licenciatura en Comunicación. Escribe desde niña, como hobby. Actualmente colabora en Noticias IFUNAM; algunas de su notas han sido retomadas por medios como La Jornada y UNAM Global. Es fotógrafa por vocación y apasionada del cine, practicante de danza aérea y maestra en esta disciplina.

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